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EL CAMINO DE MARYAM

 

María Estela Pizarro estudiaba en un colegio católico, iba a misa todos los domingo, organizaba las misas en su colegio y era catequista, pero nada de eso le sirvió para mantenerse en el catolicismo. Hace dos años que es parte del sufismo, una religión que, como ellos la llaman, es la religión del camino al corazón, del amor. Ésta es la historia de una joven que todos creyeron que sería monja y que ahora es la hermana Maryam.

Por Gabriela Miranda V.

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Sufi.cl

El año 2002 María Estela Pizarro estaba lista para hacer su confirmación. Tenía 18 años y sus profesoras del colegio Instituto Santa María estaban seguras de que sería monja. Iba a las misas del colegio, las organizaba y, por lo mismo, era la abanderada del colegio. Desde primero medio hasta que salió de la media fue catequista, e incluso tomaba clases en el Arzobispado de Santiago. Las religiosas del colegio no tenían ninguna duda. “Pero ellas no sabían el por qué yo era tan cercana al catolicismo”, explica María.  Nadie le impuso ser católica o ir a misa todos los domingo, fue simplemente una búsqueda de ella misma. Buscaba un conocimiento mayor, explicaciones, respuestas, pero no las encontraba. Entonces, ese día, el día en que confirmaría su fe por el catolicismo María Estela dudó. “El día en que hice la confirmación, confirmé que no era católica”, afirma.

Desde ahí en adelante María anduvo vagando hasta el 2012. “Pasé de ir a misa todos los domingos a nada”, cuenta. Hasta que conoció el sufismo.

LA RELIGIÓN DEL AMOR

El sufismo en Chile existe hace unos 10 años y representa el camino místico del Islam. Tiene raíces de las religiones católica y judía, creen en un Dios único y buscan llevar una vida sencilla y pacífica. El máximo propósito de los sufistas es seguir el camino del corazón. “Es la religión del amor”, cuenta Habiba, que hace 4 años es sufista.

El Centro Rabbani ubicado entre las calles Eliecer Parada y Pucará, lleva pocos años funcionando como un hogar para todos aquellos que quieran ser parte de reuniones, ceremonias y actividades que realizan los sufís. “En esta casa todos nos reunimos como hermanos para recordar a Dios”, cuenta Ibrahim, que lleva 5 años siendo sufista. Por fuera parece como cualquier casa ubicada en Providencia, pero una vez dentro es como encontrarse en una casa en el Medio Oriente. Al entrar hay que quitarse los zapatos, las paredes están decoradas con cuadros de dioses y frases en árabe. Una cortina separa el pasillo principal de la sala de estar y el olor a incienso abunda en la casa. No hay sillones ni mesas, sólo cojines y alfombras en todas partes. Hombres y mujeres se reúnen tres veces a la semana en la ceremonia del Dhikr, que es el momento en que recuerdan a Dios. “El sufismo trata sobre recordar que estamos de paso en el mundo, que somos seres espirituales”, explica Ibrahim.

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Sheikh Nazim al Haqqani

María Estela conocía el sufismo hace un tiempo gracias a una vecina. Había ido a actividades que ellos hacían, como el Viaje al Centro del Corazón y talleres de danza y meditación sufista, hasta que un día se convenció de que ese era el camino que debía seguir. Una vez dentro del sufismo, María Estela Pizarro se convirtió en Maryam, el nombre divino que recibió del maestro Sheikh Nazim al Haqqani.

VIDA SUFISTA

Maryam entra al Centro Rabbani con un velo que cubre su cabeza y una falda larga, saluda a las mujeres que se encuentran en la sala de estar para realizar la reunión de mujeres y se sienta en el suelo junto a las demás. Maryam es una de las más nuevas, pero parece como si toda su vida hubiera sido sufista. Las reuniones del día lunes son sólo de mujeres, toman té, hablan de sus familias y comienzan a rezar y cantar en árabe.

Los padres de María Estela se enteraron de que ella era sufí hace sólo 5 meses. “Al principio les costó, pero ya intuían algo”, cuenta Maryam. La vida de Maryam cambió no sólo espiritualmente, sino que también en el día a día. La gente se le queda mirando en la calle, ya no sale a fiestas con sus amigos como antes, no toma alcohol y su manera de vestir es diferente. El velo ahora es parte de su vida, aunque a muchos les moleste. “El velo en las mujeres y la barba en los hombres es para afearse, para no ser objeto de deseo”, explica Habiba.

Maryam acaba de llegar de un matrimonio sufí y agarró el ramo, un rosa blanca. Quizás sea verdad el sueño que tuvo en que el maestro Sheikh Nazim le decía que encontraría a alguien. Habiba opina lo mismo: “Yo estoy segura que Maryam va a encontrar su amor en el sufismo”. Hoy Maryam tiene 30 años, han pasado 12 años desde que confirmó dejar el catolicismo y desde que sus profesoras pensaban que sería monja, pero ahora está feliz. “El sufismo me dio el piso para superar muchas cosas. Me respondió todas mis dudas”, cuenta.

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